
El mar estaba muy cerca. La casa era grande y luminosa, las ventanas dejaban ver el oleaje y muchas veces a lo lejos podían verse a los pescadores. Era una maravilla despertar allí, sentir la humedad del viento que traía olores, sabores, reuerdos...
Ella miraba ese incesante movimiento de las olas, llevaba su cafe recién hecho y quedaba horas distraída ante tan majestuoso paisaje.
Nada podía compararse a la sensación de plenitud de ver ese amanecer en silencio mirando el agua, impetuosa y rebelde quedando inerte al llegar a la orilla y mojar profundamente la arena.
La primavera casi habia llegado. El rocío se dejaba ver en las pequeñas flores que comenzaban a crecer. Pero a ella solo le importaba el mar. Mirarlo. Sentirlo. Vivirlo.
La primavera casi habia llegado. El rocío se dejaba ver en las pequeñas flores que comenzaban a crecer. Pero a ella solo le importaba el mar. Mirarlo. Sentirlo. Vivirlo.
El cielo abierto de aquella mañana parecía confundirse con la marea . El faro no encendido parecia iluminar el deseo dormido que ocultaba desde la solitaria medianoche.
Su mirada huía del pasado pero todavía quedaban en ella esos vestigios que nombraban a un amor que habia desaparecido en las profundidades de un amor imposible...
Ella miraba el mar...y lloraba mientras caía la noche en aquella casa grande y luminosa en la que él ya no estaba.
La mañana, el mar, la noche. La ausencia que quemaba furiosamente como la última ola...
Y la casa...con vista al mar. Que descubría un oceano de penas.
Laura
2 comentarios:
Laura, tu pasión por el mar la repetiste muchas veces.
Me gustó siempre como escribís.
Sos transparente y única.
TKMMMMMMM
Carlos
Yo te compraría una casa con vista al mar para que seas felíz. Aparte vos hacés felíz a todos los que te rodean. Incluso a mí.
Un beso
CC
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